Pena de muerte, pena de vida

Y digo yo…

Cuando matar a alguien relaja a muchos,
¿hace eso lícito romper el sagrado derecho de la vida,
o es simplemente la dictadura de la mayoría?
¿o la dictadura de la minoría que manipula a la mayoría?
¿Otro disfraz más para el poder y el control?

¿Soy el único al que escandaliza que un estado asesine a un ser humano?
Por mucho que haya tanto crimen detrás de él…

¿Soy el único al que escandaliza que una multitud se regocije ante la sangre?
Por mucho que otra multitud se regocijara antes de otra sangre a la inversa…

Claro que hablamos de un país que sigue creyendo en la pena de muerte…

Y digo yo…

Que si se admite, y con júbilo,
la pena de muerte…
qué pena de vida
.

Un tribunal y unas rejas de reflexión podrían haber sustituido a una bala en el ojo,
una vela encendida y una oración podrían haber sido alternativa al jolgorio y al champán.

Con todo el camino que ya hemos andado,
cuánto nos queda aún por recorrer…

Y en la espiral sin sentido
de la violencia, el poder y la venganza,
el más centrado en su corazón
es el único que puede parar,
y sustituir la sed de sangre
por compasión con el enemigo
 (que en el fondo, no es tal)
y reconocimiento de los errores propios.

No abundan, todavía, las personas centradas en su corazón.
Pero hay unas cuantas.
Y más van a ir llegando.

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