Islandia y lo femenino

He leído hoy con atención este interesante artículo el El País: “Aurora Boreal“, de John Carlin. Lo siento un pelín polarizado, pero es una de las primeras veces que veo en prensa generalista algo que llevo tiempo comentando: la próxima evolución debe ser desde lo femenino.

Escribí hace un año la (r)evolución desde lo femenino (esto de citarse a uno mismo en un humilde blog debe rayar lo patológico 🙂 ). Me agrada ver una interpretación en clave política en el caso de Islandia.

La verdad es que no entiendo tanto que sean las mujeres quienes deban ocuparse del cambio (menuda dejación de responsabilidad para los hombres). Obviamente, es importante que se iguale la representación parlamentaria (¿para cuándo una presidenta en España?). Lo que veo realmente importante es entender el papel de lo femenino para el equilibrio social y, como dice el artículo, para la orientación de la acción política.

Y añado, para todas las acciones: la empresarial, la económica… Sé que es simplificar mucho, pero pienso que la raíz del problema estructural que vivimos es la construcción del poder desde el enriquecimiento individual, desde el yo, desde el ego. Entendido en la forma más egoístamente capitalista. Eso nos ha hecho buscar (sociológicamente hablando) el enriquecimiento individual como dirección de nuestras vidas. Y comparto desde que leí a Gandhi por primera vez que, si uno tiene demasiado, es que a otros les falta.

El poder “femenino” se construye desde el corazón, y el corazón incluye al otro. No creo que nos haga un favor el exceso de resignación cristiana de “me sacrifico por los demás”. Se puede y se debe buscar la mejora de uno mismo, pero acogiendo a los demás y buscando también su mejora y enriquecimiento. Dicho de otra forma, mejorar uno pero no a costa de que otros empeoren. ¿No es sino eso la “cultura del pelotazo”?

Se ha manipulado en exceso el término sostenibilidad, pero creo que en su esencia debería ser central en toda política y acción, individual o colectiva. De pequeños estudiamos que en todo ecosistema una pequeña acción en cualquier lugar provoca resultados en el extremo opuesto. Quizás nos vendría bien no olvidar nunca esta realidad.

Yo me propongo pasar cada cosa por el cedazo de las tres preguntas:

  • ¿Es bueno y respetuoso para mí?
  • ¿Es bueno y respetuoso para los demás?
  • ¿Es bueno y respetuoso para el planeta?

No son las mujeres quienes deben arreglar este mundo. Es la consciencia de todos de que en este punto de la historia podemos reconstruir la integración de lo masculino y lo femenino y avanzar desde ahí. En Islandia se vislumbran auroras coloreadas de esperanza. El poder personal y el respeto universal pueden ir de la mano.

Quizás nunca debieron separarse.

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