La manipulación de las palabras… se nota, sí, se nota

Muy interesante artículo hoy en el País sobre la perversión del lenguaje: “No digan recortes, llámenlo amor”.

Desde que somos bien niños vivimos tan inmersos en la manipulación que podemos llegar a cometer el error de pensar que es lo natural. Recibimos, y luego desde el mismo aprendizaje emitimos, mensajes que camuflan y a menudo pervierten la realidad: escondemos los hechos, los pensamientos, los sentimientos, las emociones… bajo un palabrazo, en la vana esperanza de que nuestro interlocutor se quedará con lo dicho y no con la realidad.

Y a veces a “proteger” de esa manera incluso lo llamamos… “amor” (puaj). [es que no quiero hacerle daño… es que no está preparado…] Con lo cual nos creemos nuestra propia manipulación y la hacemos tan nuestra que nos cuesta a veces distinguir el por qué la estamos haciendo. Y curiosamente, a menudo es por lo mismo: no estamos preparados para enfrentarnos a lo que la otra persona sentiría, contestaría, respondería o pensaría. Y curiosamente, hemos escondido nuestra inmadurez en una capa de madurez, proyectando la inmadurez en el “otro”.

Y lo más gracioso es que, en mi experiencia, el otro siempre lo nota. Tarde o temprano, de una u otra manera. Cuando el discurso intenta esconder el auténtico mensaje, cuando las palabras intentan camuflar la auténtica sensación, emoción o pensamiento… algo transmitimos, alguna vibración extraña, que la otra persona, consciente o inconscientemente nota. Quizás no en el momento, quizás no de una forma clara.

Y no depende demasiado de la madurez o experiencia del interlocutor. Es un tema de naturaleza humana. De hecho, a menudo he experimentado cómo de bien los niños lo notan.

Con lo cual, mi conclusión… es clara. Con la perversión del lenguaje 1) No hacemos un favor a nadie, 2) No convencemos profundamente de nada y por ello 3) No nos aporta nada positivo.

Así que… ¿qué tal si aprovechamos esta aparente “crisis económica” para destapar la auténtica “crisis de valores” y “falta de autenticidad” que está por debajo, y empezamos a diseñar cómo “aprovechar la oportunidad” para construir de verdad un “mundo más justo”?

Empezando, como siempre se debería empezar. Por el único sitio por donde es posible. Por uno mismo.

Así que… No digan “la culpa es del árbitro”. Digan “yo me responsabilizo”. ¿Qué tal si lo probamos, a ver cómo sienta?

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2 Respuestas a La manipulación de las palabras… se nota, sí, se nota

  1. Alfonso dijo:

    Gran post Andoni.
    Hay una frase, nos se de quien es y dice algo así: “Nuestros fracasos solo no dañarán cuando empecemos a culpar a los demás de ellos”.

    Un saludo.

  2. Enrique dijo:

    Tomar la responsabilidad es algo muy sanador. Dejar de proyectar. Es la base de la sanación en mi opinión.

    Me gusta mucho eso que has dicho sobre que la crisis se puede ver como una oportunidad para hacer un mundo mejor. De la misma manera que al sabernos todos unidos, nos damos cuenta que la manipulación es siempre contraproducente, ese mundo mejor lo construimos cuidando nuestros valores individuales.

    Gracias por compartir!

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