Disminución salarial solidaria: la regla del 10%

No veo que los políticos den con ninguna clave para generar en este país empleo y competitividad, que para mí es lo esencial para salir de la crisis antes que afrontar el recorte del gasto y el equilibrio presupuestario. Me hago de cruces viendo cómo la mentira de los mercados financieros nos ha alienado hasta el punto de dirigir completamente la política por encima de las necesidades sociales.

Y por aportar algo, aunque ni soy economista ni me gustaba mucho la economía cuando la estudié (y ahora entiendo por qué), como sí me gustan las mates y puedo hacer cuatro cuentas fáciles, me atrevo a proponer una medida diferente de recortar sueldos a la vez que generar empleo y riqueza. Por bautizarla de algún modo, os propongo llamarla “disminución salarial solidaria”.

Antes de aburrirte con los números, una pregunta: ¿estarías dispuesto a cobrar un 10% neto menos, a cambio de trabajar un 10% menos, y descender el paro un 10%, aumentando la competitividad de nuestro país un 10%?

Emplazo a los que saben de economía que revisen los cálculos, yo sólo haré los generales. Hace un tiempo ya pensaba en una propuesta de renunciar a un porcentaje de nuestro trabajo y sueldo para generar empleo. No veo que haya que tener tanto miedo a decrecer. Ahora modifico mi propuesta de renunciar a sueldo para generar empleo y competitividad. O sea, perder más sueldo que trabajo para que trabajen más, y se trabaje más.

Por concretar: propongo que los trabajadores que estamos activos renunciemos a un 20% de nuestro salario a cambio de quitarnos un 10% de nuestro trabajo. A cambio, las empresas se comprometen al mismo coste salarial, o sea, a contratar a 5 personas donde antes había cuatro (un nuevo contrato cada cuatro personas contratadas que se avengan a la disminución salarial solidaria).

Vale, es una medida drástica. ¿Acaso no lo son las que se están tomando? Mi convencimiento es que, bien definida, no tiene que ser tan dolorosa como parece. Veamos los números.

Para un trabajador medio, que cobra 22.500 euros brutos al año (unos 1.480 euros netos en 12 pagas), renunciar al 20% del bruto parece bajar 4.500 euros. Pero contando que los tipos impositivos bajan y por ello hay menos retención y menos tributación a hacienda (pongamos que la fiscalidad ajusta a los trabajadores solidarios un 4% menos de IRPF), se puede convertir en una diferencia real de unos 2.000 euros netos, o sea cobrar unos 150 euros mensuales menos, aproximadamente el 11%. O sea, nos quitamos el 10% de nuestro trabajo perdiendo el 11% de nuestros ingresos netos (el “coste solidario” de generar empleo). A cambio, cada cuatro generamos un puesto de trabajo, y tenemos 4 horas libres más cada semana (o dos meses de vacaciones en vez de uno, según cómo se mire). Qué queréis que os diga, yo me apuntaría a esto. Y lo único que tiene que ocurrir es que Hacienda regule bien las tablas de tipos para garantizar que para el trabajador solidario el neto baja aproximadamente lo mismo que el trabajo (en torno al 10%).

Para la empresa, donde había 4 empleados trabajando el 100%, hay 5 empleados trabajando el 90%, o sea, con el mismo coste salarial (habría que ajustar las cotizaciones a la SS por empresa para que eso sea así y las empresas que adopten este esquema no se vean perjudicadas) la empresa podría ser un 13% más productiva (450% sobre 400%). Obviamente, sobre una buena gestión y con el impulso que debería dar saberse una empresa solidaria con trabajadores solidarios. Obviamente, con la regulación oportuna para que el aumento de trabajo no repercuta en el beneficio empresarial o el lucro personal, sino en el beneficio social.

¿El Estado sale perjudicado de esto? En parte. Esos cuatro trabajadores cotizan bastante menos al IRPF a cambio de que cotice uno más, con lo que según mis cálculos rápidos el ingreso estatal por IRPF puede descender un 14%. Algo muy peligroso en tiempos de recortes. Pero a cambio de ese descenso:

  • Las empresas producen un 13% más y mejor, luego tributarán más por impuesto de sociedades.
  • Se reduce el paro. Llevando la solidaridad al extremo del 25% al 7% (si cada cuatro trabajadores consiguiéramos hacer cinco). Disminuyendo drásticamente los subsidios de desempleo.

En resumen, por simplificar los números, sería la regla del 10% y vuelvo a la pregunta: ¿estaríamos dispuestos a cobrar un 10% neto menos, a cambio de trabajar un 10% menos, y descender el paro un 10%, aumentando la competitividad de nuestro país un 10%?

Yo, rotundamente, sí.

Vale, hay muchas cosas que afinar. Las diferencias solidarias según nivel salarial (no es lo mismo perder 100 euros para un sueldo mínimo que para uno alto), las complejas tablas impositivas, las diferentes afecciones del paro por tipo de capacitación profesional, la regulación empresarial para facilitar la creación de empleo por encima del lucro individual, la organización interna empresarial para afrontar esto, la de puestos políticos que habría que eliminar y en ese colectivo no hay que generar empleo…

Pero eso ya os toca a los economistas. Hala, desmontadme la teoría  🙂    [Alex, cuento contigo]

PS
En esta onda (gracias Mariangeles): trabajar menos y vivir con menos
También muy recomendable, todo lo de la teoría del decrecimiento y por supuesto la economía del bien común

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