Sin whatsapp, sin whatsapp…

Me ha llegado hoy por dos sitios distintos esta divertida parodia de Aragón Televisión de “Libertad sin ira” con la que me he reído un rato:   🙂

Y como ni mis hijos ni la mayoría de mis alumnos/as sabrán de donde viene esto, aquí esta la referencia a la original, de Jarcha:

Esta canción nos recuerda a muchos uno de los momentos más importantes de este país en toda su historia, y seguramente el más importante en la historia reciente. Con muchos matices que no vienen a cuento, se convirtió en una especie de himno para pasar página desde una juventud, que enfrentaba la transición democrática heredando una guerra civil y dictadura y sus odios y rencores, sin haberla vivido de forma directa (la canción incluso se recuperó, de forma natural y popular, en alguno de los peores momentos del terrorismo).

No deja de tener su paradoja cómo, en un momento de crisis de la democracia tan profunda como estamos viviendo, hay tanta anestesia en nuestra sociedad para que protestemos e invertamos energías en “el whatsapp” en lugar de en aprovechar nuestra oportunidad histórica de participar y crear la transformación, tan necesaria, tan obvia, y aparentemente aún tan lejos.

Si hubo un momento de pasar página, quizás ahora sea el momento de asumir responsabilidad. A todos los niveles. Desde todos y cada uno. Con o sin whatsapp.

 

PS
Y puestos a recuperar himnos a la libertad, con el que yo me quedo, el que siempre me ha emocionado, es este de Joan M. Serrat con palabras de Miguel Hernández:

 

“Para la libertad”, Miguel Hernández

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

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