Vuelo

Me acerco al borde.
Al precipicio.

Siento el vacío,
los latidos en la garganta.
El mareo, el desconcierto.
Siento el miedo.

Respiro.

Sonrío.

Acepto el reto.

Y… ¡salto!

Abro los brazos,
y vuelo.

Vuelo.

Miro hacia el suelo,
y sé.

Sé que esos miedos,
tantos prejuicios,
lecciones aparentemente aprendidas
y concepciones que nos limitan;
sé que los vértigos
y las justificaciones
son humo.
Son paredes de papel,
en los enmarañados
caminos del suelo.
Patrañas.

Desde aquí, lo veo.
Ya no me importan.
Ya no las quiero.

Vuelo.
A donde el corazón quiera llevarme,
contando con la mente que organiza,
jugando con los vientos,
fluyendo en dirección, pero sin prisa,
en sintonía con mi naturaleza,
a donde la tormenta me permita.

Y te veo.
Te reconozco.
Te sonrío.
Un alma amiga.
Alargo el brazo…

¿Vuelas conmigo?

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